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'Compro oro' (Isaac Rosa). La literatura como empeño

(Karina Sainz Borgo - Marabilias, Vozpópuli)
Es el primer libro de relatos de Isaac Rosa. Titulado con esa frase, Compro oro, tras la que se esconde la usura y la precariedad de quien vende lo que es suyo, el escritor traza un nuevo relato de la crisis, acaso uno más real
Así, juntos, sin la tregua de los días, pegan más fuerte. Originalmente publicados en el periódico La Marea, se editan ahora reunidos en un volumen los 12 relatos que forman el libro Compro oro. Un título que lastima, que esconde acaso un chaleco reflectante pero también la usura y la desesperación de quienes venden sus recuerdos por menos de lo que valen. El precio que todos tenemos, y que sólo descubrimos en la antesala del abismo o el pelotazo, también cotiza a la baja en estos días. Usando esa imagen, Isaac Rosa levanta un libro potente, duro como un metal.

La España de los últimos años retratada a lo bestia, en postales a veces hilarantes, que encierran en su absurdo el drama de lo verosímil. Porque estas cosas pasan, todos los días. Unos vecinos que se turnan semanalmente para sustituir al portero que despidieron –no sea que la finca pierda valor-; la historia de un hombre recompuesta en los papelitos de sus movimientos bancarios; un conductor que busca ahorrar tiempo, recuperarlo, usando a un estropeado copiloto como coartada para el BUS VAO; un rey que arrastra su cadera en la terminal de un aeropuerto; la joya familiar convertida en baratija…

Vivimos rodeados, asediados por ficciones, escribe Isaac Rosa en el prólogo. Y no se refiere a novelas, ni a cuentos, mucho menos a series televisivas. Habla el escritor de las representaciones ficticias de la realidad, esas otras narrativas que hoy detentan la hegemonía de la ficción: la política, la economía, el periodismo de los grandes medios.

En estos relatos, Isaac Rosa desmonta la narrativa de la crisis; impugna el cuento de la recuperación como colorín colorado; fotografía el paisaje roto de hombres y mujeres sin trabajo, o acaso con precarios sucedáneos de tal cosa. Desfilan frente a nuestros ojos de lector melancólico –somos una tribu de ese tipo, dice Rosa- a jóvenes contratados por horas para escenificar Verano azul en un chiringuito, también aquellos que hacen de un currículum un verdadero ejercicio de ficción o que simplemente se visten con la prenda del sinsentido para que su vida no se venga abajo.

Compro Oro es, insistimos, un libro duro como un metal. Y la razón que explica tal propiedad tiene que ver con el hecho de que, al terminarlo, se queda el lector con ese sabor que dejan en la boca los golpes y los objetos ferrosos –ese desconcierto con gusto a garrotazo- . Se trata de un efecto literario pero no artificioso. Lo que Rosa consigue, lo hace limpiamente, sin goteos, sin el terrible desaguisado que deja a su paso el compromiso cuando no se sabe usar de manera correcta.

Cuando hablamos en el título de la literatura como empeño, nos referimos -sí- al verbo: endeudarse, vender a cambio de algo. Ese juego previsible sobre del valor que tienen -o pierden- las cosas. Pero también nos referimos al empeño como deseo vehemente de hacer o conseguir algo. Y eso es lo que hace Isaac Rosa: ofrece, dice él, “un modesto puñado de ficciones, como piedrecitas, con que intentar algo parecido a esa trama colectiva, humana, que muchos echamos de menos”. De piedrecitas nada. Y de modestos tampoco. Un libro delgado, breve, pero demoledor, duro como un metal.

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